La desaparición
Lienzo
Cuando Tracey volvió a salir, encontró a los gatitos maullando frenéticamente. “¿Max?”, los llamó, mirando a su alrededor. Pero no hubo respuesta. Sintió una punzada de preocupación, pero intentó mantener la calma.
Max tenía un don para esconderse y a menudo le hacía bromas, pero esta vez algo parecía diferente. El patio, que normalmente se llenaba con sus risas, estaba inquietantemente silencioso.
La ansiedad de Tracey aumentaba con cada segundo que pasaba. Volvió a gritar, con la voz teñida de desesperación. El silencio inquietante y la angustia de los gatitos indicaban que algo iba terriblemente mal.